LA BIBLIA: ¿POR QUÉ SIENDO TAN VIEJA SIGUE TAN VIGENTE?

¿Por qué motivo tanta gente busca la salvación de sus vidas en un libro tan viejo como la Biblia? ¿Qué hay en la Biblia, a diferencia de otros escritos antiguos, que la hace ser el libro más buscado del mundo?
Los textos más remotos de la Biblia fueron escritos hace más de tres mil años. ¿Cómo así al Biblia logra regir la vida de tantas personas hasta los días de hoy?

¿Por qué un libro tan antiguo como la Biblia tiene tanta influencia en los días de hoy? 

En las últimas semanas he estado investigando acerca de algunos libros escritos en las primeras civilizaciones de la humanidad. Es un tema muy interesante y necesario de ser estudiado si uno quiere comprender la historia del pensamiento antiguo y también los orígenes de la Biblia. 

En un momento de mi estudio, me percaté de que estaba disfrutando de lo que encontraba y me pregunté por qué no me había interesado antes por conocer esos escritos, que son los más antiguos del mundo. Hasta que, con sentido común, encontré una respuesta: los libros antiguos, por lo general, interesan a poquísima gente. 

Ponte a pensar: cuando vas a una librería, ¿acaso no tiendes a buscar libros actuales, o al menos actualizados?  

Entonces, ¿por qué motivo tanta gente busca la salvación de sus vidas en un libro tan viejo como la Biblia? ¿Qué hay en la Biblia, a diferencia de otros escritos antiguos, que la hace ser el libro más buscado del mundo? ¡Los textos más remotos de la Biblia fueron escritos hace más de tres mil años! ¿Cómo así ella sigue vigente hasta los días de hoy? 

Ese cuestionamiento es aún más fuerte cuando contrastamos el valor que los textos bíblicos tenían en su época con relación al valor que tenían otros textos de la misma época.

Aquí pongo a tu consideración tres grandes problemas que la Biblia enfrentó en sus orígenes:

  1. Los escritos de la Biblia no contaban con el apoyo de los poderosos.
  2. El ambiente socio político en torno a la Biblia no era favorable a la difusión de su mensaje.
  3. Aún en Israel no existió, por mucho tiempo, un texto unificado de la Biblia

Ese es mi cuestionamiento: ¿cómo la Biblia, tan fragmentada, impopular y de cierta forma marginal en las sociedades, pudo haber adquirido tanta relevancia a lo largo de la historia, hasta los días de hoy?

Pensemos sobre cada uno de esos obstáculos.

En primer lugar, la Biblia no contaba con el apoyo de los poderosos.  

Solemos dar por supuesto que un libro se difunde porque su mensaje recibe el apoyo de personas influyentes de la sociedad. En efecto, los reinos vecinos a Israel tales como Egipto, Asiria o Babilonia contaban con sus propios escritos, que eran considerados sagrados por ellos. Por lo general había una gran sintonía entre el poder político y el mensaje escrito que ellos producían.

Pero, ¿qué ha pasado para que escritos como la epopeya de Gilgamesh, las instrucciones de Shuruppak o la leyenda de Etana hayan sido totalmente olvidados y hoy sean simples piezas de museo?  

Queda constatado que la fuerza de un libro a lo largo de la historia no depende de la influencia política que haya tenido en su tiempo. Los imperios de este mundo pasan, tienen tiempo limitado de duración. Y con su decadencia, decaen también sus leyes, sus leyendas y sus falsos dioses. 

Alguien dirá: “Pero la Biblia se difundió con el apoyo del Imperio Romano”.

Afirmación falaz. Porque la historia dice algo totalmente contrario. La fuerza de la Biblia no brotó de su relación con el Imperio Romano, ni dependía del poder de Roma. 

Ese era, más bien, el segundo gran obstáculo: la sociedad antigua menospreciaba y rechazaba la difusión de la Biblia. 

Recordemos que el cristianismo, desde el primer momento, gozó de una pésima imagen ante la opinión pública romana. Esa historia de desprecio y sangre derramada comienza con Poncio Pilatos, cuando condena al mismo Jesús de Nazaret. Pasa por las locuras de Nerón hasta llegar a los grandes perseguidores del cristianismo tales como los emperadores Marco Aurelio, Septimio Severo y Dioclesiano.

Tanto la Biblia como el pueblo judío fueron despreciados por los romanos por más de 300 años. Multitudes de cristianos fueron asesinados por vivir su fe. 

¿Por qué tanto desprecio y odio?

San Pablo afirmó que el mensaje del Evangelio era “escándalo para los judíos y necedad para los griegos”.

“Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados -judíos o griegos-, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.” (1Cor 1:22-25)

Suena lógico. Los apóstoles difundían el mensaje de un hombre que había sido crucificado y que, según los testigos, ha resucitado y algún día volverá glorioso. ¿Acaso no parece ser un mensaje loco? ¿No es ese mensaje religioso algo políticamente incorrecto? De hecho, muchos lo han querido alterar a lo largo del tiempo para que el bullying sufrido no fuera tan fuerte.

La sociedad antigua menospreciaba y rechazaba ese mensaje nuevo y bueno, conocido como Evangelio. Por esa razón, la Biblia era un libro casi clandestino. Fue conservada en comunidades pequeñas, dispersas por varias regiones del imperio. Su autoridad se sustentaba sobre la resistencia de hombres sinceros, valerosos, que ante la creciente furia de sus enemigos permanecieron fieles a las verdades de aquella nueva fe que surgía, practicando el perdón y anunciando la esperanza. 

El tercer obstáculo para la difusión de la Biblia estuvo en el mismo pueblo de Israel. Porque durante mucho tiempo, en el seno del mismo Israel, no existió un texto unificado de la Biblia.  

Esa falta de unidad se debió, en parte, a que Israel vivió sus propias batallas internas, a lo largo de casi toda la etapa de redacción del Antiguo Testamento. Fragmentado, Israel todavía buscaba su identidad.

En esa dramática historia los profetas no eran, a buenas y a primeras, reconocidos como tales.  Empezando por Moisés, podemos contar en la Biblia un gran número de autores sagrados que fueron tantas veces incomprendidos. Muchos de ellos fueron perseguidos e incluso asesinados. 

La misma Biblia atestigua la redacción de varias versiones de las mismas historias, según diferentes puntos de vista. Vemos en la Biblia diferentes códigos de leyes y enseñanzas morales que cambiaron con el tiempo. 

¿Cómo textos fragmentados en su mismo pueblo fueron finalmente aceptados con unanimidad? ¿Cómo entonces la fuerza de la Biblia ha prevalecido sobre todos esos obstáculos para su aceptación y difusión? 

Había la necesidad de un punto de vista nuevo, capaz de sintonizar las diferentes interpretaciones que había de las leyes, las profecías y las costumbres. Dar es punto de vista nuevo y esa capacidad de sintonizar lo fragmentado fue, en gran parte, la misión de Jesucristo. 

Sólo a partir de Jesucristo las escrituras pasaron a ser comprendidas en su unidad. ¿Cómo así? Resulta que Jesús se manifestó como el punto central de la Biblia, “el mismo ayer, hoy y siempre”. Resulta que la Biblia sólo puede ser entendida en su unidad si conocemos que Jesús es el Hijo de Dios, el Cristo esperado. Resulta que la unidad y la fuerza de la Biblia dependen de la fe en Jesucristo, que nos abre el conocimiento por la fuerza del Espíritu Santo.

Entonces, ¿por qué un libro tan antiguo como la Biblia tiene tanta influencia en los días de hoy?

A diferencia de los demás escritos antiguos, la Biblia nos introduce en una relación personal con Jesucristo, el Hijo de Dios.

A diferencia de los demás escritos antiguos, encontramos en la Biblia un conocimiento superior acerca de nuestros orígenes, el sentido de la vida, la existencia de Dios y el comportamiento humano.

A diferencia de los demás escritos antiguos, las verdades que nos transmite la Biblia afectan el destino final de nuestras almas.

¿Te interesa conocer un poco más ese inquietante y hermoso libro? ¿Te gustaría ahondar cada día un poco más en su mensaje? Entonces la Biblia, pese a su vejez, también ejerce hoy una influencia en tu vida.  

La Biblia sigue vigente, aún en el tercer milenio de la era cristiana. 

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