Los patriarcas de Israel

Este es el primer artículo de la serie “Panorama del Antiguo Testamento”. Ideal para conocer en pocos minutos los temas más relevantes de la antigua alianza.

Panorama del Antiguo Testamento 1/6

Leer el Antiguo Testamento no es algo fácil.

Como sabemos, el Antiguo Testamento es la herencia que tenemos de la antigua alianza que hizo Dios con el pueblo hebreo.

Como cristianos, es fundamental leer, estudiar y orar con el Antiguo Testamento, por el simple hecho de que es la escritura sagrada con las que nuestro Señor Jesucristo, sus apóstoles y los primeros cristianos oraron, leyeron y estudiaron.

Y si bien los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en algún momento de la historia antigua, antes de Cristo, por autores humanos, en contextos diferentes, desde lugares diferentes y en épocas diferentes a lo largo de más de mil años… el mismo Señor Jesús y sus apóstoles consideraban todos esos libros como inspirados por Dios.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios
y útil para enseñar, para argumentar, para corregir
y para educar en la justicia.”

2Tim 3, 16

Cuando Pablo escribió a Timoteo diciendo que “toda la Escritura es inspirada por Dios…” se refería a los escritos del Antiguo Testamento. No se refería a los del Nuevo, por el simple hecho de que el nuevo todavía estaba siendo escrito.

Los libros son considerados sagrados después de años, décadas o hasta siglos de haber sido escritos. El mismo Pablo no era consciente de que aquellas palabras de su carta a Timoteo eran también inspiradas por Dios.

Te recomiendo que en este momento tomes unos segundos y vayas a buscar tu Biblia. Con la Biblia en tus manos, vas a ir hojeándola mientras yo te voy trazando esa linda historia divina y… también muy humana.

Mira este artículo en la serie de videos AQUÍ.

¿Cómo trazar un panorama del Antiguo Testamento? Será como “irnos de paseo” por los diferentes paisajes de la antigua alianza. Sí, de modo análogo como si te invitara a subir a un monte para que tuvieras una vista panorámica.

Ciertamente la primera pregunta que harás será: ¿qué monte es ese que nos permite echar una mirada tan completa de algo tan extenso, tan variado, tan difícil de entender?

Ese monte existe y se llama Nuevo Testamento.

Desde el Nuevo Testamento podemos subir a un nivel más elevado y somos capaces de ver diferentes etapas, diferentes momentos en la totalidad de la Alianza Antigua.

Desde ese monte, veremos que todo el Antiguo Testamento es como un valle por donde corre un río, hacia un océano que es la venida de Jesucristo.

Y así como cuando contemplamos una vista panorámica, podemos empezar por diferentes puntos del paisaje, así también ocurre con el panorama del Antiguo Testamento: podemos comenzar por diferentes puntos. 

Si por ejemplo vemos un valle entre dos grandes cordilleras nevadas, podemos empezar a disfrutar del panorama contemplando las cumbres, o quizás empezar por contemplar los bosques, o el río, o quizás el horizonte a lo lejos… 

Así también con la lectura panorámica del Antiguo Testamento: algunos prefieren comenzar por el Génesis, por el “origen” de todo. Otros prefieren comenzar por la historia de los Reyes. Otros prefieren examinar las profecías acerca del Mesías… 

En esta ocasión yo te quiero proponer el panorama del Antiguo Testamento desde la historia de Israel, el pueblo que Dios formó, eligió, separó y preparó para que en él naciera el Mesías y a partir de él se anunciara la salvación a todos los pueblos.

¿Por qué prefiero comenzar por la historia de Israel? Porque a mi modo de ver es la forma más didáctica de enseñar el Antiguo Testamento. ¿Cómo así?  Ya te darás cuenta.

Los patriarcas

Comencemos por el capítulo 12 del libro del Génesis, cuando Dios elige a un hombre llamado Abraham. Ya el comienzo de esa historia nos habla de un aspecto esencial de toda la historia bíblica: Dios llama y espera una respuesta del ser humano. Dios nos llama por nuestros nombres, con una misión personal, para obrar en nosotros y por medio de nosotros obras maravillosas.

Abraham responde a Dios con la fe y da inicio a toda la gesta de Israel en la historia. Esa gesta va a desarrollarse por etapas. En esta primera etapa, Abraham forma una familia. Así como él, también su hijo Isaac y su nieto Jacob conservan la fe en el Dios único y habitan la tierra de Canaán, un territorio destinado a ser el principal escenario de toda esa gran historia.

Jacob es un personaje destacado: es el padre de doce hijos, de los cuales surgirán en el futuro doce tribus. Dios le cambia el nombre Jacob, que pasa a llamarse Israel. De ahí que el pueblo hebreo se llame también “el pueblo de Israel”.

Hasta ese momento el Génesis es un libro que cuenta las historias de esos tres hombres y de la fe que ellos tuvieron en el Dios invisible, único y verdadero: el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Ellos son los “Patriarcas”. El libro del Génesis nos habla de sus encuentros con Dios, de las promesas y de los pactos que sellaba Dios con ellos.

La historia de los patriarcas significa el nacimiento de una fe monoteísta de carácter único en la historia de las religiones, contrastante para las costumbres de aquellas épocas primitivas. 

Israel –o Jacob, como uno prefiera decirlo– tuvo doce hijos que por circunstancias muy providenciales terminan yendo a vivir en Egipto. 

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